2014-04-18

ADIÓS A GABO

La muerte del Gabo impone una tristeza amarilla, como la de las rosas y las mariposas. Una pena que ilumina y ahueca. Quedan en la educación sentimental de miles y miles de lectores sus páginas más brillantes, entre las que podrían citarse decenas y decenas y decenas: la bella durmiente de Doce cuentos peregrinos; los consejos de Me alquilo para soñar; la mirada de De viajes por los países socialistas... Pero si hay algo que llevan en el corazón todos los que le han leído es este, uno de los mejores comienzos de novela jamás escritos antes: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que  su padre lo llevó a conocer el hielo".
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